lunes, 25 de abril de 2016

Cuentos Infantiles
SELENA LA HORMIGA

La historia pasó en un hormiguero muy bien escondido, repleto de ventanitas, donde se ven entrar y salir permanentemente a los movedizos habitantes durante todo el día. Un verano, Margarita vio a una hormiga que se esforzaba de un modo original, y le llamó la atención. Era la hormiga Selena, hermana mayor de una numerosa familia de catorce hijos. Sus papás contaban con ella para que después del colegio o de jugar, los ayudara a juntar palitos, semillas y hojas que servían para alimentarse durante el invierno.
Ese verano en particular, Selena había trabajado mucho, porque su mamá se había ido de viaje unos días a visitar a Penina, una tía anciana que vivía en un hormiguero lejano. Margarita nos contó que era en la otra punta del terreno.
Selena deseaba que, al regresar, su mamá pudiera descansar y contarle todas las cosas que había visto en el camino. Por eso, trabajó casi sin descansar juntando hojas, durante el tiempo que su mami no estuvo. Así, el depósito de la casa ¡había quedado repleto de palitos y hojas!
El día del regreso había llegado y Selena se esmeró aún más: preparó una bella mesa para tomar el té, con tarta de frutillas, su preferida, y cuando terminó dijo: “Voy descansar en el sillón hasta que mamá abra la puerta”. Pero, tan, tan cansada estaba que se quedó dormida y cuando llegó Enriqueta (así se llamaba su mamá) ¡no la pudo despertar! Durmió casi un día entero. Es que Selena se había esforzado al punto de quedar exhausta y no pudo disfrutar de lo que más deseaba...
Al despertar, Enriqueta o Queta como le decían todos, estaba a su lado acariciándola y susurrándole:
- Mi laboriosa hormiguita, gracias por todo lo que te esmeraste, pero no era necesario que lo hicieras vos sola, estaban tus hermanos para ayudarte.
Al fin, pudieron conversar, Queta le contó el paisaje florido que había visto en el camino, y le trajo de regalo unas ricas hojas de arándano de la casa de Penina.
Selena había aprendido una gran lección: no olvidarse de descansar y de disfrutar, a pesar de lo que se propusiera hacer. Por eso, dijo:
-Después de todo, lo primordial es compartir con los que amo lo mejor de mí. Y si sólo pienso en trabajar me pierdo lo importante.
Selena siguió siendo una hormiga hacendosa pero más feliz. Es que había aprendido que llevar la carga tiene sentido, si nos queda alegría y tiempo para amar. 

lunes, 26 de septiembre de 2011

ADOPCIÓN: VERDAD SOBRE EL ORIGEN

¿POR QUÉ ES NECESARIO QUE EL NIÑO SEPA DE SU ADOPCIÓN?
Podría ser una pregunta obturada a la luz de los derechos del niño pero aún así no resulta fácil abrir el tema frente a un/a hijo/a, es aquí de cara a la dificultad donde la presencia psicoterapéutica hace la diferencia.
En la mayoría de los procesos, la experiencia de adoptar resulta muy buena. Es importante y es bueno para el niño saber la verdad sobre su origen pues así se le evitan posteriores trastornos en relación a quienes lo concibieron, en qué condiciones se produjo su gestación, primeros tiempos de vida y la plenitud sexual adulta .
La vigente ley de adopción ha establecido como obligación de los padres, el informar al niño sobre lo que llama “su realidad biológica” permitiendo además el acceso, a partir de los 18 años, al expediente que contenga los datos de la historia de vida. (Benchuya, Vito, 2005)
En los casos donde no se ha respetado este derecho y la verdad acerca del origen ha sido ocultada y revelada por otros o por los mismos padres y madres en la edad adulta por verse obligados a hacerlo, mostró que la reacción en general es casi siempre desfavorable. La desilusión por haber sido engañados durante largo tiempo genera rechazo hacia los padres, madres adoptivos y un seguido alejamiento de los mismos. (Giverti, Grassi, 1997)
Además, la experiencia del saber escondido crea en los papás una culpa intrínseca que actúa en detrimento de la educación, volviéndolos, por la falta a la verdad, padres angustiados, temerosos de la pérdida de su hijo/a, si éste/a llegara a conocer sobre su advenimiento filial. Luego, inclusive en consecuencia son demasiado permisivos, poniendo a su heredero/a ahora sí en situación de verdadero peligro por la ausencia de límites que tienen por función delimitar al psiquismo, regulando el placer y la realidad.
Es menester aconsejar a los padres la posibilidad de tener, en estos y otros casos, acceso a psicoterapia pues el/la niño/a se verá favorecido/a teniendo la confianza auxiliar de un adulto externo que le otorgue verdades fácticas, relatos de los hechos que precise discutir y aclarar en un contexto que le permita la crítica a su origen y a su familia actual sin que ésta se sienta lastimada. El reservar esto para un espacio personal compartido y guiado por un profesional  resulta liberador para el/la infante. (Barylko, 2008; Morris, 2004; Winnicott, 1973)
Durante la adolescencia, este tipo de descubrimiento los vuelve más desafiantes, si bien cada uno conserva una modalidad de afrontamiento particular.
La floreciente preocupación por la sexualidad es tomada con mayor tabú en los casos donde el origen no está esclarecido. ¿Cómo responder a la propia sexualidad desconociendo sobre la sexualidad que dio comienzo a su propia vida? Es decir, será escaso el argumento simbólico y las representaciones que den respuesta a las protofantasías que subyacen en el inconciente.
El/la niño/a adoptado/a que no posee clara respuesta a su procedencia biológica sufre mayores miedos que los usuales cuando comienzan los períodos evolutivos críticos como la adolescencia, que inevitablemente suscitan cuestionamientos personales. Aquí aparecen interrogantes profundos con repuestas fantasmáticas a su propia genética, que ponen en riesgo la vivencia de aceptación de quien será su pareja. (Rascovsky, 1973; Winnicott, 1979)
Sin embargo el mayor perjuicio está en el fracaso ambiental por no poder haber confiado en los padres adoptivos que retuvieron veracidades de su propia historia. Este tipo de daño es más determinante e incidente sobre él que el componente genético heredado que se desconoce.
Entonces, sabiendo las consecuencias de faltar a la verdad ¿cuándo es oportuno decírselo? Este tiempo surge espontáneamente en cada caso, es cuando el/la niño/a comienza a preguntar sobre cuestiones referidas a su llegada al mundo. Sus cuestionamientos no implican que él/ella sospeche algo relacionado al haber sido adoptado/a sino que la indagación acerca del origen es común a cada infante. Ello ocurre generalmente entre los dos y cinco primeros años de vida.
La protofantasía acerca del origen se va armando con restos de los sucesos oídos y vistos en el entorno familiar y amistoso. El enterarse que sus progenitores no son quienes lo/a concibieron, cuando es transmitido a la medida del entendimiento del/la niño/a, no tiene por qué ser traumático.
Las respuestas obtenidas serán sustento para la identidad, por lo tanto las explicaciones resultarán funcionales en gran medida dependiendo de la riqueza subjetiva que expresen, esto es, poder describir detalladamente cómo y cuándo llegó a sus vidas, qué expectativas les generaba el encuentro, qué sintieron cuando lo vieron y cómo era. Para esto último se pueden usar fotos, filmaciones, entre otros recuerdos que se conserven. (Giverti, 2001; Rascovsky, 1973; Winnicott, 1979)
La psicóloga y psicoanalista Giberti menciona que se le puede contar al niño cómo los padres lo fueron a buscar, dónde estaba y en qué provincia nació. Además, recomienda para los padres un relato semejante:
 "Había una vez un señor y una señora que juntos hicieron un bebé. La señora lo llevó dentro de su panza mientras el bebito crecía... Un día el bebito nació, pero esa señora no lo pudo cuidar, no pudo quedarse con él. Entonces la señora buscó un lugar donde lo pudieran atender. Mientras tanto, papá y yo estábamos muy tristes, porque no podíamos hacer un bebé... No podíamos hacer hijitos... y queríamos tener uno. Un día nos avisaron que había un bebé, que estaba en una casa, y que no tenía papá ni mamá. Entonces fuimos enseguida a buscarlo... y te encontramos a vos... que eras chiquito... estabas en una cunita... tenías unas manitos y unos piecitos chiquitos y eras muy lindo... Entonces te trajimos a casa con nosotros y desde entonces sos nuestro hijo adoptivo. Y nosotros ya no estamos más tristes, porque gracias a vos tenemos un hijito, y somos un papá y una mamá... Te ayudamos a crecer... y vos también nos ayudás porque te podemos querer. Esta es una historia que empieza muy triste y que termina bien... porque estamos todos juntos y podemos hablar de estas cosas... Si querés preguntarnos algo...”. Este texto está pensado y preparado para ser oído y entendido por infantes de entre 3 y 4 años. (Giberti, 2001, p. 58).